¿CREEMOS EN LA RESURRECCIÓN?

 CONTEMPLAMOS:


En este día, que celebramos a los fieles difuntos o el día de los muertos, queremos invitarles a preguntar sobre nuestra Fe Cristiana, en el acontecimiento de la Resurrección, recordando las palabras del Apóstol de los gentiles: “¡Si no hay resurrección, Cristo no resucitó! Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes” (1 Corintios 15, 13-14). Esta exclamación la realiza Pablo a la comunidad de Corinto, ya que había entre ellos, algunos que seguían sin CREER en la resurrección de los muertos, tal vez, creían en la reencarnación, como muchos en la actualidad; y nosotros que hoy celebramos a nuestros hermanos difuntos: ¿Creemos en la resurrección de los muertos?

 

Recordemos que el centro de la Fe Cristiana se encuentra en el Misterio del Hijo de Dios, Muerte y resurrección, de la misma manera, nosotros al morir vamos a resucitar, desde nuestra Fe en Jesucristo vivimos esta experiencia: “Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección” (1 Corintios 15, 19-21). A todos nos llega la muerte y por medio de Jesucristo nos viene la resurrección: ¿Creemos en esto?

 

Ahora bien, si creemos en la RESURRECCIÓN y la VIDA que nos regala y da Jesucristo a todos los que creen en Él: ¿Por qué seguimos celebrando y visitando a nuestros muertos? ¿Dónde se encuentran nuestros hermanos difuntos? Ante estas preguntas, es bueno señalar que Jesucristo nunca hablo de un PURGATORIO, más bien el siempre hablo de un lugar de tormento para algunos y para otros el Reino de Cielos, así lo señala el Hijo de Dios en una de sus parábolas: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo” (Mateo 25, 34); aquí encontramos la herencia del Reino para los benditos del Padre Dios; y para los malditos: ¿Qué les espera después de la muerte?

 

Veamos que dice Jesucristo, sobre lo que Dios dirá al final de los tiempos: “Luego dirá a los de su izquierda: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles” (Mateo 25, 41); a estos les espera lo siguiente: “Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna” (Mateo 25, 46). Por lo tanto, nos dice claramente el Evangelio, las PALABRAS de Jesucristo señala que unas personas, que son malditas, irán al castigo eterno y otros, que son benditos y justos tendrán la Vida Eterna, entonces, ahora al celebrar y visitar a nuestros hermanos muertos en los cementerios, nos podemos preguntar: ¿Ellos estarán en el Castigo Eterno o en la Vida Eterna? Y PARA TI: ¿Qué destino te espera en el día final, en el día de tu muerte terrena?

 

DISCERNIMOS:

 

Siempre hemos querido contemplar desde nuestra propia experiencia de vida, desde nuestras realidades humanas; en este día, desde nuestra práctica en el día de los muertos; en este segundo momento, los invitamos a discernir sobre lo que nos revelan los Santos Evangelios, para hoy tomaremos unos versículos del capítulo 11 que encontramos escritos por el Evangelista Juan: “Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro Días” (v. 17).

 

El texto nos sitúa, en la misma dinámica de estos días, ir a visitar a nuestros hermanos que se encuentran sepultados, vamos a los cementerios, algunos a visitar a sus difuntos sepultados por años en esos lugares, en cambio Jesucristo va al sepulcro de su amigo Lázaro que solamente llevaba cuatro días de ser sepultado; recordemos que la forma de sepultar entre los judíos es muy distinta a la que acostumbramos en nuestros cementerios, nosotros enterramos, ellos en cambio, los colocaban en cuevas y los tapaban con piedras, teniendo en cuenta este aspecto cultural; además es bueno recordar que en América Latina, seguramente las ceremonias han ido cambiando con el paso de los siglos y perdiendo de vista como sepultaban a sus muertos nuestros pueblos originarios, más allá de estas anécdotas culturales, vemos a Jesucristo: “Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros” (v. 18). Vemos a Jesucristo peregrinando hacia el sepulcro, como lo podemos hacer muchos de nosotros: ¿Qué llevamos a los sepulcros? ¿Con quienes vamos?

 

“Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano” (v. 19). En este caso, habían muchas personas para acompañar a las hermanas del difunto, a María y Marta, justamente es con ellas, en primer lugar el encuentro con Jesucristo, de la misma manera, nos podemos encontrar con Jesucristo, con su “Buen Mensaje” en este día que en que compartimos con nuestros hermanos difuntos: ¿Qué emociones hay en nuestro corazón en este día de celebración?

 

Seguramente muchos reconocerán DOLOR ante la falta de su ser querido; y otros sentimientos que nos acompañan a diario. “Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa” (v. 20). Aquí es Marta que sale al encuentro de Jesucristo, ella desea hablar con el Maestro, tal vez, como millones de cristianos que a diario, buscan ORAR con Jesucristo, para descubrir la voluntad divina, otros tantos que oran en el mundo, le reprochan a Dios, como lo hace esta mujer: “Marta dio a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” (v. 21). Un reproche por NO ESTAR, y nosotros: ¿Cuántas veces hemos culpado a Dios por su falta de presencia, por no manifestar su PODER en medio de nosotros, en nuestras familias y en nuestras comunidades?

 

Seguramente muchas veces lo hemos realizado, sobre todo cuando ha MUERTO nuestro familiar en un accidente, en una enfermedad, hemos ORADO a Dios, y al final, Dios no ha respondido de la forma que queríamos, algunos seguimos pidiendo, incluso pedimos cadenas de oraciones por los enfermos graves, con la intención de que no MUERA, sino que siga vivo entre nosotros, a veces, motivados por egoísmo, más que caridad ante el misterio de la muerte, incluso le pedimos oración a aquellos que creemos que están más cerca de Dios, pedimos intercesión, lo mismo hizo MARTA: “Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas” (v. 22). Sabiendo que TODO lo que pide el Hijo de Dios a su Padre será escuchado y concedido: ¿Creemos esto? ¿Cómo vivimos nuestra oración por nuestros hermanos difuntos? ¿En qué estamos creyendo al orar por los muertos?

 

Desde este momento, aparece la figura del Maestro que nos dice: “Jesús le dijo: Tu hermano resucitará” (v. 23). Nos sigue diciendo, a MARTA y a nosotros, sus fieles difuntos resucitaran: ¿Creemos en esto?

 

Al parecer es lo que CREE y profesa Marta: “Marta le respondió: Sé que resucitará en la resurrección del último día” (v. 24). Y nosotros, los cristianos del tercer milenio: ¿Creemos en lo mismo? ¿Cuándo sucederá esa resurrección? ¿Dónde se encuentran las almas de nuestros hermanos difuntos en espera de ese último día?

 

Aunque son palabras de MARTA no de Jesucristo, más bien, el Maestro nos enseña lo siguiente sobre su persona: “Jesús le dijo: Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” (vv. 25-26). Él se presenta como Dios (YO SOY), un Dios que es Resurrección y vida: ¿Creemos esto? Además que creyendo en Él tenemos vida y nunca moriremos; aquí surge lo complejo, por lo tanto, si nuestros hermanos difuntos creyeron, al igual que nosotros, en Jesucristo, deben tener vida, TENER VIDA ETERNA: ¿Lo creemos así para ellos?

 

Quizás DUDAMOS, y esperamos que sea posible, proclamar a Jesucristo, consiste también CREER que es RESURRECCIÓN y VIDA: ¿Creemos? Y TÚ: ¿Lo crees? Ya que al parecer, aunque Jesucristo lo señala de esa forma y lo escuchamos, muchos no lo creemos totalmente, cambiamos nuestra forma de ver a Jesucristo, es lo que probablemente le sucedió a Marta, por el dolor de la pérdida, por el enojo con Jesucristo por no haber estado y evitado su muerte, aunque señala lo siguiente: “Ella le respondió: Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo” (v. 27). Ciertamente desde su Fe, cree en Jesucristo como el Mesías, que debía venir al mundo, como el Hijo de Dios, que vino por una misión: ¿Qué misión tenía en el mundo? Y nosotros: ¿Cómo profesamos nuestra Fe en Jesucristo? ¿Cómo vivimos el misterio de la muerte? Y PARA TI: ¿Cómo evangelizas en este día de los muertos?

 

 

EVANGELIZAMOS:

 

Con esta última pregunta personal: ¿Cómo evangelizas en este día de los muertos?, queremos invitarte a profundizar en nuestro obrar cristiano, en dónde la pregunta de fondo sería la siguiente: ¿Cómo debemos celebrar los cristianos el día de los muertos?

 

Sin duda, cuando hablamos de la forma de OBRAR para los cristianos, necesitamos mirar a Jesucristo, ya que Él es nuestro modelo de vida, sabiendo que seguramente no tenemos su mismo PODER DIVINO, aunque si nos podemos dejar guiar como Él por el mismo Espíritu Santo y desde su ejemplo en la vida terrena, iluminar nuestra existencia humana, veamos como obra Jesucristo ese día en su visita al sepulcro de Lázaro: “Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: ¿Dónde lo pusieron?. Le respondieron: Ven, Señor, y lo verás. Y Jesús lloró” (Juan 11, 33-35).

 

Contemplamos a Jesucristo llorando ante el sepulcro, para algunos es expresión del AMOR por su amigo difunto: ¿Cómo nos sentimos nosotros ante nuestros hermanos difuntos? ¿Qué emociones surgen en nuestro interior? Al parecer, Jesucristo no se queda en el llanto vacío, sino que vas más allá: “Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y le dijo: Quiten la piedra. Marta, la hermana del difunto, le respondió: Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto” (Juan 13, 38-39). Marta duda, en cambio Jesucristo desde su FE, y su desde su conmoción humana, quiere hacer algo más: ¿Qué más podemos hacer nosotros?

 

Lo mismo que el Maestro: “Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado” (Juan 13, 40-42). Por un lado, CREER para ver la Gloria de Dios; y por otro lado, ORAR a Dios Padre, DAR GRACIAS. Y para nosotros: ¿Cómo es nuestra oración en este día de los muertos? ¿Qué oraciones realizamos en familia por nuestros hermanos difuntos?

 

Recordemos que desde nuestra oración surgen milagros en la vida, como nos lo dice el mismo Jesucristo: “También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos” (Mateo 18, 19-20). Los cristianos, unidos en este día: ¿Qué le pedimos a Dios Trinidad? Seguramente si pedimos adecuadamente surgirá el auténtico milagro después de la muerte como sucedió con Lázaro: “El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desátenlo para que pueda caminar” (Juan 13, 44). ¿Creemos que esto puede suceder? Y TÚ: ¿Lo crees?

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