¿SENTIMOS ALEGRÍA POR LA CONVERSIÓN DE LOS PECADORES?
CONTEMPLAMOS:
Este domingo queremos contemplar la conversión, es lo que
nos propone el Evangelio de Jesucristo; ante esto, les invitamos a mirar, en
primer lugar, nuestra propia conversión: ¿Hemos logrado convertirnos de todos
nuestros pecados? Ante esta realidad, creemos que la CONVERSIÓN es un proceso
de toda la vida, no debe ser solamente la alegría del momento del cambio, el
cual, hemos vivido todos en mayor o menor medida, cuando se nos propone o nos
proponemos ser mejores, ser mejores personas, ser mejores hijos, ser mejores en
los estudio o trabajos, todas estas cosas manifiestan un cambio, a lo que
podemos llamar CONVERSIÓN; aunque no necesariamente se trata del cambio que
Dios nos pide en las Sagradas Escrituras. Y nosotros: ¿En qué hemos convertido
nuestras vidas? Y TÚ: ¿Te has convertido al cristianismo?
Nos hacemos estas preguntas, con la intención de
motivarlos a vivir en una constante conversión hacia nuestra FE CRISTIANA; esto
implica necesariamente dos aspectos: Restauración y Renovación; ciertamente las
dos se nutren de las mismas palabras de Jesucristo, y las dos en conjunto,
revelan una auténtica conversión; por lo tanto, se trata de una restauración de
la vivencia cristiana en el modelo que nos presentan los relatos de la Biblia
Cristiana, especialmente los Santos Evangelios; y de una renovación de nuestra
FE Cristiana para vivirla conforme al tercer milenio. Y TÚ: ¿Quieres vivir en
esta permanente conversión que nos propone el Hijo de Dios?
En segundo lugar, mirar la generalidad de los cristianos,
en el aspecto de la conversión y la propuesta del Hijo de Dios, de Jesucristo,
es lo que encontramos en los relatos evangélicos que leemos cada domingo, en
estas dos semana, entraremos en el capítulo 15 de San Lucas, en lo que hoy
denominamos como parábolas de la Misericordia divina, justamente este amor
divino busca nuestra conversión, que cambiemos nuestra forma de vida, por vivir
según el estilo de su Hijo, que vivió entre nosotros, los seres humanos: ¿Cómo
nos hemos configurado con la persona de Jesucristo?
Esta configuración sería la constante conversión, que
implica sentir como Jesucristo, pensar como el Hijo de Dios, vivir como el
Maestro; en verdad, los cristianos: ¿Hemos logrado en plenitud vivir
configurados con Jesucristo, el Mesías, el Hijo de Dios? En definitiva, que
toda nuestra vida sea iluminada y orientada en la vivencia del salvador; en sus
palabras, sus gestos y sus obras. Y TÚ: ¿Vives como él?
Es lo que perseguimos con cada escrito, que al aprender
del Maestro, nos configuremos más con Él, que seamos capaces de vivir en sus
enseñanzas; recordando que esta vivencia, para nosotros es un signo de nuestra
conversión, y por ende, de la participación en la alegría celestial. Y PARA TI:
¿Cómo experimentas la alegría de la conversión?
DISCERNIMOS:
Esta vivencia de la alegría en la conversión es lo que
espera Jesucristo del mundo; y es lo que Él mismo intento enseñar en sus
parábolas, sobre todo ante la crítica de los escribas y fariseos: “Todos los
publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo” (Lucas 15, 1).
Vemos claramente como publicanos y pecadores querían escuchar al Maestro,
seguramente con la recta intención de ir cambiando su forma de vida, alejarse
del PECADO y del mal, por vivir en el bien, y en la voluntad de Dios que se
manifiesta en Jesucristo, ya que nosotros nos consideramos personas pecadoras,
nos preguntamos: ¿Por qué queremos escuchar a Jesucristo? ¿Cómo nos acercamos a
Jesucristo?
Desde nuestra forma de acercarnos, vemos la diferencia,
como sucedía en la narración del Evangelista Lucas: “Los fariseos y los
escribas murmuraban, diciendo: Este hombre recibe a los pecadores y come con
ellos” (v. 2). Con un lado, tenemos a pecadores que escuchan y comen con
Jesucristo, comparten una misma mesa con el MAESTRO: ¿nosotros compartimos la
mesa con Jesucristo? En cambio, otros que solamente se dedican a murmurar y
criticar, como recordando el siguiente refrán: “Dime con quién andas y te diré
quién eres”; por reunirse con pecadores: ¿Jesucristo lo era?
Ante esta crítica es el Maestro que nos enseña por medio
de una parábola, que se dirige a los escribas y fariseos; a los que creen estar
unidos a Dios, que cumplen fielmente las Sagradas Escrituras, aquellos que
viven, supuestamente, en la voluntad divina; entonces: ¿Cuál es la voluntad de
Dios?
Desde la perspectiva cristiana, queremos y deseamos
lograr un discernimiento juntos, de acuerdo a lo que nos enseña el Maestro: “Jesús
les dijo entonces esta parábola: Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no
deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había
perdido, hasta encontrarla?” (vv. 3-4). Ante nuestros ojos, tenemos un ejemplo
sencillo, un pastor que tiene cien ovejas y pierde una de ellas: ¿Qué hace el
pastor? ¿Qué haría cada uno de nosotros?
Seguramente buscarla, hasta encontrarla como nos cuenta
Jesucristo: “Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de
alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: Alégrense
conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido" (vv. 5-6). En
el encuentro produce en el Pastor la alegría por encontrar lo que estaba
perdido, es aquí cuando el Maestro nos enseña, la comparación, ya que no se
trata de ovejas, sino de personas: “Les aseguro que, de la misma manera, habrá
más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y
nueve justos que no necesitan convertirse” (v. 7). Y TÚ: ¿Te alegras de la
conversión de las personas que conoces?
Al parecer, Jesucristo entiende que sus oyentes,
necesitan más ejemplos para entender, ya que algunos de ellos, les interesaba
el dinero, les muestra su valor, con el siguiente ejemplo: “Y les dijo también:
Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara,
barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?” (v. 8). Esta vez, es una
mujer que pierde un dracma, que busca y busca hasta encontrar la moneda
pérdida, y es capaz de compartir la dicha: “Y cuando la encuentra, llama a sus
amigas y vecinas, y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que
se me había perdido" (v. 9). Aunque en los dos casos, es bueno tener en
cuenta la similitud, BUSCAR lo que hemos PERDIDO; y nosotros: ¿Qué hemos
perdido en nuestras vidas? ¿Qué sentimientos nos produce encontrar lo que hemos
extraviado?
“Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los
ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte” (v. 10). Esperamos que
sea la misma alegría que tienen los ángeles de Dios, al ver la conversión de un
pecador. Y PARA TI: ¿Siendo un pecador te has convertido de todos tus pecados?
EVANGELIZAMOS:
Justamente la evangelización comienza en cada uno de
nosotros, con nuestra conversión personal, con la recta intención de dejar de
lado nuestros pecados personales, y vivir como hijo de la luz, LUZ que
recibimos de nuestro Señor Jesucristo, con sus palabras, hoy en la ALEGRÍA de
la conversión, la personal y las de los demás: ¿Hacemos fiesta ante la
conversión de los pecadores?
Otro aspecto difícil, en este punto, es seguir creyendo
en las personas, que se pueden CONVERTIR; ya muchas personas perdieron la
esperanza de la conversión de los demás, tal vez, es lo que creen los fariseos
y escribas sobre los publicanos y fariseos, que seguirán en sus pecados, aunque
se sienten a comer con Jesucristo; y nosotros: ¿Creemos que las demás personas
pueden cambiar en su forma de vida y actitudes personales? Y TÚ: ¿Crees?
Tal vez, es la CONVERSIÓN que necesitamos en este tiempo,
CREER en los demás, en la posibilidad de la renovación de los pecadores, en la
esperanza que se manifiesta en el prójimo con la fuerza del Espíritu Santo que
lo impulsa a SER otra PERSONA, una mejor persona y un mejor cristiano: ¿Creemos
que esto es posible? Y para cada uno de nosotros: ¿Los demás creen en nuestra
conversión? ¿Cómo nos sentimos cuándo nuestra familia y amigos no creen en
nuestra conversión personal? Una mirada
para generar empatía en cada uno de nosotros, que nos moviliza a la compasión
con los demás, incluido con los pecadores, ya que no se trata solamente de
mirar, sino ayudar en su conversión. Y TÚ: ¿Cómo ayudas en la conversión de los
demás?
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