JESUCRISTO y LA EUCARISTÍA
CONTEMPLAMOS:
Hoy conmemoramos un nuevo: JUEVES SANTO; desde la fe
cristiana, celebramos el día de la institución Eucarística o fracción del Pan
como le llamaron los primeros cristianos: “Íntimamente unidos, frecuentaban a diario
el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez
de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo” (Hechos
2, 46). Así lo vivían los primeros cristianos en sus casas celebraban la fracción
del Pan o la Eucaristía, como nos traduce la doctrina de los doce Apóstoles: “En
lo concerniente a la eucaristía, dad gracias de esta manera. Al tomar la copa,
decid: Te damos gracias, oh Padre nuestro, por la santa viña de David, tu
siervo, que nos ha dado a conocer por Jesús, tu servidor. A ti sea la gloria
por los siglos de los siglos. Y después del partimiento del pan, decid: ¡Padre
nuestro! Te damos gracias por la vida y por el conocimiento que nos has
revelado por tu siervo, Jesús. ¡A Tí sea la gloria por los siglos de los
siglos! De la misma manera que este pan que partimos, estaba esparcido por las
altas colinas, y ha sido juntado, te suplicamos, que de todas las extremidades
de la tierra, reúnas a ti Iglesia en tu reino, porque te pertenece la gloria y el
poder (que ejerces) por Jesucristo, en los siglos de los siglos” (Capítulo IX).
Como vemos era un compartir comunitario, lo más probable en sus mismas casas, en
donde se repartía la copa de VINO con su acción de gracias, de allí, el término
“Eucaristía”; y después se partía (fracción) el PAN entre todos los comensales,
participan solamente personas bautizadas: ¿Qué significado tiene para nuestras
vidas la Eucaristía o Cena del Señor?
Más allá de los significados que pueda tener para cada
uno de nosotros, es bueno recordar que los evangelios sinópticos nos narran el
hecho, como la última cena de Jesucristo con sus discípulos, en cambio, el
Evangelio de Juan, destaca el lavatorio de los pies y varios discursos a sus
discípulos en ese mismo contexto; recordemos que el relato más antiguo, que
encontramos en las Sagradas Escrituras es el siguiente: “Y Melquisedec, rey de
Salem, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y vino, y bendijo
a Abram, diciendo: ¡Bendito sea Abram de parte de Dios, el Altísimo, creador
del cielo y de la tierra!” (Génesis 14, 18-19). Una bendición de Melquisedec a
Abrahán con PAN y VINO, como acción de gracias a Dios; tal vez desde el
conocimiento de Jesucristo sobre la Biblia Judía es que toma este mismo RITO y
lo celebra con sus discípulos para anticipar el misterio de su muerte y
resurrección; para los cristianos, el primer relato escrito, lo encontramos en
una de las cartas de San Pablo: “Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he
transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado,
tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega
por ustedes. Hagan esto en memoria mía». De la misma manera, después de cenar,
tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi
Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía». Y así, siempre que coman
este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él
vuelva” (1 Corintios 11, 23-26).
DISCERNIMOS:
Desde esta transmisión del mismo Señor Jesucristo, en la
noche que fue entregado, queremos invitarle a discernir sobre la EUCARISTÍA,
para ello, tenemos que ir más allá del relato que nos narran los evangelios
sinópticos, hecho que se celebró el primer día de la fiesta de los Ácimos en la
comida Pascual: “Mientras comían, Jesús tomo el pan, pronunció la bendición, lo
partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen, esto es mi Cuerpo. Después tomó una copa, dio gracias y se la
entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: Esta es mi Sangre, la Sangre de
la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberá más del fruto
de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios” (Marcos
14, 22-25). En el contexto de la comida pascual, que hemos denominado la
“Última Cena, Jesucristo entrega su CUERPO y su SANGRE a sus discípulos,
señalando este acontecimiento como signo de la nueva ALIANZA con Dios, una
ALIANZA que se realiza con su SANGRE derramada por muchos, esto lo entendemos
desde el acontecimiento de la Crucifixión, que nos explica el evangelista Juan:
“Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las
piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en
seguida brotó sangre y agua. El que vio esto lo atestigua: su testimonio es
verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean” (Juan
19, 33-35). De su cuerpo brota SANGRE como signo de salvación para toda la
Humanidad: ¿Cómo podemos unir el Misterio de la muerte a la celebración de la
Eucaristía?
En realidad, lo que debemos unir a cualquier celebración
de los sacramentos, es el Misterio de la Muerte y Resurrección, ya que en este
misterio, encuentran sentido todos los sacramentos, porque la realidad
sacramental brota del misterio de Jesucristo, principalmente en el paso de la
muerte a la VIDA, esto se realiza por medio de la resurrección, de la misma
manera los cristianos cada vez que celebramos un sacramento, pasamos de la
muerte a la resurrección, a una vida nueva, aunque nos queda seguir pensando
que es lo que debe morir en nosotros: ¿Estamos dispuestos a morir?
Ciertamente esta disposición es sencilla si pensamos en
signos: PAN que muere para convertirse en CUERPO y VINO que muere para
transformarse en SANGRE; y esto conlleva más de lo que creemos: “Ha llegado la
hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el
grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da
mucho fruto” (Juan 12, 23-24). Se trata de morir para dar fruto, a ejemplo de
la semilla de trigo, tenemos que MORIR a nosotros mismos, para dar mucho fruto,
fruto que nos conduce a la VIDA ETERNA, es lo que intento explicar Jesucristo a
la multitud de judíos que lo seguían por el desierto: «Les aseguro que no es
Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del
cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo»
(Juan 6, 32-33). ¿Creemos en esto?
Es desde nuestra FE Cristiana que logramos comprender sus
palabras y su significado que se vive en la celebración de la Eucaristía: ¿Cómo
comer su cuerpo y beber su sangre? Era la pregunta que se realizaban los judíos
en su interior, en cambio, nosotros lo relacionamos inmediatamente al PAN y el
VINO de la Cena del Señor con sus discípulos, en este punto, Jesucristo usa el
discurso del PAN de VIDA para purificar la FE de aquellos que lo seguían, tal
vez, es lo que nos falta a nuestras celebraciones eucarísticas que sea un
momento de PURIFICACIÓN de los seguidores de Jesucristo: “Yo soy el pan de
Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá
sed” (Juan 6, 35). Y para nosotros, los cristianos: ¿Es Jesucristo el Pan de
Vida? ¿Qué significado tiene esto para nuestras vidas?
El sentido y significado NO puede, ni debe ser solamente
intelectual y de emociones, sino que DEBE manifestarse en la VIDA de cada día;
en este sentido, este ALIMENTO que nos regala Jesucristo, desde la institución
del Eucaristía, es su propia vida, su propio cuerpo, su propia sangre: «Les
aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no
tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida
eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera
comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que
tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por
mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y
murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente» (Juan 6, 53-58). A tal
punto, que vivimos creyendo que Jesucristo es el único que nos da VIDA y que
sostiene toda nuestra existencia, esto para muchos puede ser motivo de
escándalo, como sucedió con los que lo seguían y escuchaban: “Desde ese
momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo”
(Juan 6, 66). Y TÚ: ¿Te alejarás o lo seguirás?
EVANGELIZAMOS:
Desde nuestro seguimiento a Jesucristo realizamos nuestra
EVANGELIZACIÓN, que va más allá de participar en una misa, eucaristía, fracción
del pan o cena del Señor, esto es el momento celebrativo de nuestra fe
cristiana y de alimentarnos de la PALABRA de Dios, recordando las palabras de
los apóstoles, ante la pregunta de Jesucristo: “Jesús preguntó entonces a los
Doce: ¿También ustedes quieren irse? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién
iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que
eres el Santo de Dios” (Juan 6, 67-69). Se trata de reconocer que Jesucristo es
el único que tiene palabras de Vida ETERNA; y que por medio de la vivencia en
nosotros de esas palabras alcanzaremos la “VIDA ETERNA”. ¿Aceptamos este camino
de Jesucristo? Que implica morir para resucitar, y desde esos frutos: Alimentar
a los demás, a todo el mundo. Y PARA TI: ¿Qué ALIMENTO das a tu prójimo?
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