JESUCRISTO SANA NUESTRAS PARÁLISIS
CONTEMPLAMOS:
Hoy entraremos en el tercer milagro de Jesucristo, según el
Evangelio de San Juan; nos encontraremos con una nueva sanación por parte
Jesucristo, desde esta mirada queremos invitarlos a contemplar nuestras propias
dolencias y enfermedades, que hoy van más allá de lo físico, ya que pueden ser
mentales, emocionales y/o espirituales: ¿Qué dolencias tenemos en la actualidad?
¿Qué enfermedades padecemos cada día? ¿A qué enfermos acompañamos en su cuidado
personal?
Desde nuestra realidad, nos queremos detener en el tema
de las “Parálisis”, claramente a luz del milagro que vamos a discernir en este
artículo teológico; aunque antes deseamos meditar sobre nuestras propias
parálisis: ¿Qué nos paraliza al actuar? ¿Qué nos detiene en la vida para obtener
nuestros objetivos personales? ¿Qué pensamientos inmovilizan nuestro buen
proceder? ¿Qué emociones NO nos dejan vivir libremente? ¿Qué situaciones de
tentación y pecados NO nos dejan caminar como auténticos cristianos?
Realizamos estas preguntas con el sentido de descubrir,
que la parálisis va más allá del impedimento físico que alguna persona puede
padecer, ya sea paralitico o parapléjico, ciertamente el tratamiento de
sanación requiere de una gran dedicación: ¿Cómo fortalecer los músculos de
nuestros cuerpos? ¿Cómo reparar la movilidad de un hueso que ha sido quebrado o
triturado? Indudablemente estamos pensando nuevamente en lo físico, con el
sentido de que tomemos consciencia de cuán difícil es la tarea para recuperar
la MOVILIDAD; de la misma manera, es tan difícil sanar las otras parálisis,
menos si ni siquiera hacemos el ejercicio adecuado, peor aún si no hemos tomado
consciencia de nuestras “parálisis”, ya sea mental, emocional y/o espiritual;
justamente pensemos en una persona que desea volver a caminar, además de todas
las operaciones quirúrgicas que debe realizarse, debe hacer un tratamiento de
ejercicios con kinesiólogos para volver a dar los primeros pasos, como si
estuviera volviendo a aprender a caminar, ahora bien, nos debemos preguntar en
las otras áreas: ¿Qué hacemos para superar nuestras parálisis personales:
mentales, emocionales y espirituales?
Si seguimos con esta comparación, debemos llegar a la
conclusión que en primer lugar, necesitamos la ayuda de especialistas en lo
mental, en lo emocional y en lo espiritual, para que nos orienten, ya que en
algunos casos, en verdad, se NECESITA una verdadera intervención quirúrgica, que
puede llevar horas de reparación en esas áreas dañadas; además, se NECESITA un
tratamiento adecuado para volver a recuperar nuestras parálisis en esos ámbitos
de la vida personal: ¿Cuántas personas están paralizadas a la hora de AMAR?
¿Cuántas personas NO son capaces de dialogar? Y en el sentido espiritual:
¿Cuántos cristianos realmente hacen ejercicios apropiados para el crecimiento
adecuado de su FE y así lograr el fortalecimiento de su propia alma y espíritu?
DISCERNIMOS:
Con esta contemplación sobre nuestras parálisis
personales, les invitamos a discernir con los primeros versículos del capítulo
5 del Evangelio de San Juan: “Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos
y Jesús subió a Jerusalén” (v. 1); recordando que tal como sucedió en
Jerusalén, en los inicios de la Fe Cristiana, pueden seguir aconteciendo entre
nosotros los mismos milagros de Jesucristo; de hecho, muchos cristianos
afirmarán que a diario se producen milagros divinos de sanación, es decir,
muchas personas son sanadas por medio del poder de Dios, ese poder ha sido
manifestado en la persona de Jesucristo, aunque debemos reconocer y afirmar que
existen muchas otras formas de manifestación divina y de sanación para las
personas creyentes en Dios: ¿Cómo creemos que se produce la sanación en
nuestras vidas?
Tal vez la mayoría de personas en la actualidad, ya sean
creyentes o no, se reúnen en hospitales para ser sanados, en centros de salud,
públicos o privados, o sea, hemos puesto nuestra confianza de la salud corporal
en los médicos y en la ciencia; de hecho millones de personas en este tiempo de
Pandemia están siendo vacunadas, solamente un dato: en este momento, hay más
personas vacunadas contra el Covid 19 que las que han sido contagiadas con el
Virus; en cambio en el siglo I de nuestra era cristiana, la mayoría de personas
creyentes se reunían para ser sanados por el poder de Dios, y no por la
ciencia, como vemos en el relato: “Junto a la puerta de las Ovejas, en
Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos.
Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y
lisiados, que esperaban la agitación del agua” (vv. 2-3). Una multitud de
enfermos que NO esperaban una VACUNA; sino la agitación del agua de una piscina
para ser sanados, y nosotros: ¿Cómo somos sanados?
Muchos creyentes pueden manifestar que detrás de la
ciencia, está obrando la mano de Dios, su sabiduría e inteligencia; para otros,
es signo de la grandeza del ser humano, de su propio esfuerzo y comprensión de
las enfermedades; salir de los mitos religiosos y entrar a una nueva forma de
creer y ver la vida; no sería el mismo paso para los cristianos al leer este
acontecimiento: “Porque el Ángel del Señor descendía cada tanto a la piscina y
movía el agua. El primero que entraba en la piscina, después que el agua se
agitaba, quedaba curado, cualquiera fuera su mal” (v. 4). Siendo sinceros:
¿Creemos en esta forma de actuación divina?
Para los creyentes que creemos en la actuación de Dios,
estamos abiertos a entender que Dios obra más allá de nuestras propias
estructuras mentales y organizacionales, que a veces, será una imposición de
manos, otras tantas cadenas de oraciones por los enfermos, otros una
celebración comunitaria para pedir por la salvación y sanación; otros ponen el
énfasis en la presencia de Jesucristo, como cristianos, todo se hace por
Jesucristo, sobre todo un Jesucristo compasivo con el prójimo, que se preocupa
por aquellos que padecen males, por ello, se acerca a este hombre: “Había allí
un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido,
y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: ¿Quieres
curarte?” (vv. 5-6). Nos quedamos con la pregunta, ya no para ese hombre que
llevaba 38 años enfermo; sino para cada uno de nosotros: ¿Queremos ser sanados?
Sanados de nuestra falta de amor, de nuestra incapacidad
de amar por miedo a la traición o al desencanto, decepcionados de los demás por
una mala experiencia en el pasado. Sanados de nuestra forma de pensar por el
abuso de conciencia que han hecho nuestros padres y las religiones, de nuestro
odio político y aversión a muchas personas, por no mirar y pensar de otra
forma, quizás a ejemplo de Jesucristo. Y por ende, ser sanados de nuestro
cristianismo hipócrita que vive de las apariencias ante los demás, y no vivir
la verdadera FE cristiana cimentada en Jesucristo, realmente: ¿Queremos ser
sanados de todo esto por Jesucristo?
Desde la FE, diremos que SI, y qué hacemos al respecto,
quizás nos pasa como ese hombre que se nos relata en el Evangelio,
responsabilizamos a los demás, culpamos a la situación y al mundo: “El
respondió: Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua
comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes” (v. 7). La pregunta
es: ¿Quieres? Y ante esto mucho seguimos respondiendo NO PUEDO, como este
personaje que le dice a Jesucristo, NO PUEDO: no hay quien me ayude, no puedo
SOLO, otros son mejores que Yo, son más rápidos, y así, vamos poniendo excusas
tras excusas, siempre tratando de justificarnos a nosotros mismos, cuando en
verdad todo lo que necesitamos para SANAR se encuentra en nuestro interior:
Mentalidad, Emociones y/o Espíritu; quizás basta CREER, es decir, CREER que
podemos, CREER en nosotros mismos, basta esa fe en las palabras de Jesucristo,
y en su poder divino: “Jesús le dijo: Levántate, toma tu camilla y camina. En
seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar” (vv. 8-9).
Levantarnos, tomar nuestra camilla, y caminar, así somos
SANADOS, es de esta forma que podemos ser sanados de cualquier situación basta
CREER, a veces en ti mismo con la frase: YO PUEDO porque QUIERO; en otras
ocasiones CREER en los demás, esta PERSONA va a responder con AMOR, que se
trata de vencer tus MIEDOS; y en otras tantas, para los creyentes, bastará
CREER en DIOS; en resumen, así sanamos nuestras parálisis mentales, emocionales
y espirituales: CREYENDO; es decir, tomando nuestras miserias, para aquel hombre
fue una camilla, en la cual estuvo durante 38 años, para nosotros no es una
camilla, sino dolor, miedo o pecado; a pesar de estas situaciones que nos
acompañan por años en nuestras vidas: ¿Cuánto tiempo las llevamos? BASTA, es la
HORA de ser SANADOS, LIBERADOS del dolor, del miedo y del pecado, solo debemos tomarlas
y seguir CAMINANDO. Y TÚ: ¿Quieres caminar?
EVANGELIZAMOS:
A luz de Jesucristo, hoy desde su pregunta: ¿Quieres ser
sanado?, es que te invitamos a responder SI, a nuestra última pregunta:
¿Quieres Caminar?; si deseo CAMINAR; si estamos en esta situación de deseo y
voluntad de CAMINAR junto a Jesucristo, es que nos encontramos en el camino de
la EVANGELIZACIÓN de JESUCRISTO que conlleva una vida renovada en su Palabra,
ciertamente para ello debemos CREER en su “Buen Mensaje”: ¿Cómo recibes cada
día el “Buen Mensaje” de Jesucristo?
Según la manera de acoger ese “Buen Mensaje” serán los frutos de nuestra Evangelización, como hemos dicho en otras ocasiones, no se trata solamente de ESCUCHAR, que lo puede hacer la multitud de personas; sino de PRACTICAR lo que oímos de la boca de JESUCRISTO, allí está la diferencia entre la multitud de personas y los auténticos cristianos; aunque muchos digan: SI, quiero practicar, o sea, caminar junto a Jesucristo, darán un par de pasos, y no seguirán; en cambio, unos pocos darán pasos hasta el extremo de acompañar a Jesucristo en todo momento, en cada momento de nuestras propias vidas, cargando con nuestras cruces y heridas que son sanadas en Jesucristo, entonces la pregunta, ya no es: ¿Quieres ser sanado?; sino más bien: ¿Qué harás por tu sanación personal?
¡Si!... ¡Si quiero ser sanada!...
ResponderBorrarJesucristo, en su infinito amor, sabe las dolencias de cada quien, y viendo que muchos van a su encuentro, él se enfoca en quien no pude ir y surge la invitación continúa "¿Quieres?"... Como aquel hombre de tantos años invalido (que no pude ir a la piscina), Jesús, viendo sus limitaciones, le dice que se Levante... Jesús nos salva, pero como muchos, como yo, nuestras limitaciones son nuestras parálisis... Emocionales, mentales, incrédulidad... No somos capaces de "mover un dedo"... Tal vez porque lo desconocido nos provoca temor o, porque la decepción es grande y creemos firmemente que Dios no nos ayudará como queremos (imponemos).
Basta con levantar el rostro al cielo y decir "Aquí estoy Señor, hágase tu voluntad"... O, caer de rodillas en la Tierra y decir "Perdón Señor porque he pecado contra el cielo y contra ti y no merezco ser hijo tuyo"...
Cuando ya no podemos, cuando nuestras limitaciones empiezan a doler, a carcomer... El mismo cuerpo, el mismo corazón necesita de Dios... Porque de él somos y a Él pertenecemos.
Señor mío y Dios mío, manda tu Santo Espíritu para darme cuenta del valor que tengo, que mis limitaciones no son nada en comparación con tu poder, tu amor... Y que pueda dar testimonio como servidor tuyo, te lo pido Señor