¿Quién es José?
Segundo Día: José.
Hoy les invitamos a mirar la imagen de San José; ciertamente
en primera instancia debemos reconocer que no sabemos mucho de este personaje
Bíblico, ya que muy pocas veces sale citado, aunque lo reconocemos como el
Padre de Jesús de Nazareth, y que seguramente lo educo y enseño el oficio de la
carpintería, excepto que nos atrevamos a leer el Evangelio Apócrifo de las
historias de José el Carpintero, en donde se nos señalan algunos aspectos
previos a unirse en matrimonio a María, la jovencita de 12 o 13 años, historia
que parece narra el mismo Jesucristo, según ese escrito apócrifo: “Y la mujer de José murió, según ley de todo nacido,
dejando a su hijo Jacobo de corta edad. Y José, varón justo, glorificaba a Dios
en todas sus obras. E iba fuera de su villa natal a ejercer el oficio de
carpintero, con dos de sus hijos, porque vivían del trabajo de sus manos, según
la ley de Moisés. Y este hombre justo de que hablo es mi padre carnal, a quien
mi madre María fue unida como esposa”. En este texto, se nos invita a mirar a
José como un varón justo, que había quedado viudo, con pequeños hijos, está es
una de las razones para desposarse con María, la Madre del Hijo de Dios; siendo
sinceros no es muy distinta a la imagen que nos entregan los Santos Evangelios:
¿Quién es José para nuestra familia?
Discernimiento:
Al partir con la pregunta de nuestra contemplación, y
antes de entrar en nuestro discernimiento Bíblico, podemos nombrar algunas
características que creemos que tenía San José como Padre de Jesucristo, el
Hijo de Dios, ya que es presentado así en los mismos evangelios: “Felipe encontró
a Natanael y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de
Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret” (Juan 1, 45).
Esto ya nos entrega otro dato de José, no tan solo era conocido por su oficio
de carpintero, sino que vivía en Nazareth, lugar de crianza de Jesucristo.
Para lograr descubrir la personalidad de San José,
debemos pensar en los hombres que vivían en el primer siglo de nuestra era
cristiana, y en parte del siglo I antes de Cristo; con ello, tenemos un hombre
judío que respetaba las leyes, por un lado, las leyes humanas: “Y cada uno iba
a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de
David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la
ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada”
(Lucas 2, 3-5). Por otro lado, las leyes divinas y sus preceptos: “Ocho días
después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de
Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción. Cuando
llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño
a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: "Todo
varón primogénito será consagrado al Señor". También debían ofrecer un
sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del
Señor” (Lucas 2; 21-24). Es decir, José guardaba las leyes de su tiempo, y
nosotros como padres en la actualidad: ¿Cumplimos las leyes humanas y divinas?
Ciertamente era un hombre creyente y temeroso de Dios,
atento a cumplir la voluntad divina y no la humana: “José, su esposo, que era
un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en
secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños
y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo
que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Al despertar, José
hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, y
sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el
nombre de Jesús” (Mateo 1, 19-20.24-25). “El Ángel del Señor se apareció en
sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y
permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para
matarlo. José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a
Egipto” (Mateo 2, 13-14). Es así que Dios manifiesta su voluntad a José, para el nacimiento del Hijo, y para la
protección del Hijo; dejar de lado, sus propias comodidades y mirar el
bienestar de los HIJOS: ¿Qué hacemos nosotros como padres? ¿Tenemos en primer
lugar, por sobre trabajo, por sobre nuestra voluntad y deseo, a nuestros Hijos?
Aquí en dónde José muestra su temple y valentía, debemos
reconocer que era conocido como el carpintero: “¿No es este el hijo del
carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos
Santiago, José, Simón y Judas?” (Mateo 13, 55); indirectamente el evangelio nos
muestra que realmente José, el padre de Jesús, era carpintero, y con este
oficio, si aceptamos la viudez y el hecho de tener más hijos: alimento a siete
hijos, y eso no es fácil en esos tiempos ni en estos. Es la imagen que queremos
agregar en nuestro Pesebre, ver en nuestros padres trabajadores, la expresión
de amor hacia los Hijos, por aquellos que se atreven a formar una familia, con
su pareja y sus hijos; más aún con los hijos de uno y del otro de relaciones
previas; estos son nuestros padres en la actualidad, los que se atreven a criar
y educar a sus hijos, como lo realizo San José, con el HIJO DE DIOS.
Evangelizar:
Desde este discernimiento nace nuestra evangelización,
esperemos no tan solamente esta Novena Navideña, sino todos los días: ¿Cómo
educamos a nuestros hijos? ¿Les enseñamos en el amor y en el valor del esfuerzo
del trabajo?
Esto es EVANGELIZAR, cuando somos capaces de transformar
nuestras familias en modelo de la VIVENCIA EVANGÉLICA; que se inició con el
ejemplo de María, y de José, por ello, ubicamos en nuestro PESEBRE la imagen de
los nuevos JOSÉ; personas de trabajo para construir una sociedad más justa para
todas y todos.
¿Vivimos
a ejemplo de José?
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