JESUCRISTO: UNA VIVENCIA DE AMOR
CONTEMPLAMOS:
Para los cristianos al contemplar a Jesucristo, y para
los creyentes a Dios, muchas personas podemos deducir y afirmar que Dios es
AMOR; hablar de un Dios Amoroso, sin duda para los cristianos ese Amor se
manifiesta en Jesucristo, llegando a expresarlo en medio de la humanidad,
recordando las palabras del Evangelio de San Juan: “Sí, Dios amó tanto al
mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera,
sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al
mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Juan 3, 16-17). Se habla claramente
del Amor de Dios hacia el mundo, hacia la humanidad en la donación y entrega de
su Hijo; para nosotros en la CRUZ, en su muerte por nuestros pecados, y con
ello, por la fe en Jesucristo SER salvados y alcanzar la Vida Eterna. Más allá
de creer en esta realidad de la fe cristiana, hoy queremos invitarte a
Contemplar sobre el AMOR de Dios hacia cada uno de nosotros, amor que se
manifiesta en el perdón continuo: DIOS siempre nos perdona, una y otra vez, más
allá de las formas y ritos, Él nos sigue perdonando y este perdón es expresión
de su Amor, como también lo es su Divina Providencia con cada uno de nosotros, sus
hijos. Y TÚ, ¿Cómo experimentas el Amor Divino en tu vida?
Ahora bien, con esta pregunta queremos aterrizar el
ETERNO Amor Divino en nuestras vidas, y el desafío constante que tenemos de reflexionar
sobre la manifestación y la vivencia del Amor Divino en la persona de
Jesucristo, es por esta razón, que vamos a tomar algunas citas de los Santos
Evangelios, para discernir juntos la importancia que tiene la vivencia del AMOR
en nuestro Maestro: Jesucristo, y para cada uno de nosotros, los actuales cristianos:
¿Qué importancia tiene la vivencia del Amor en tu vida?
DISCERNIMOS:
Al discernir sobre nuestra experiencia del Amor, queremos
adentrarnos en las enseñanzas de Jesucristo, a partir de la pregunta: «Maestro,
¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?» (Mateo 22, 36); esto debe servir
de gran ayuda para los creyentes, ya que, por un lado, nos ayuda a descubrir el
sentido principal de las Sagradas Escrituras contenidas en la LEY JUDÍA; y por
otro lado, nos encontramos con una síntesis de más de mil preceptos judíos, al
tener la respuesta sobre el mandamiento más importante de la LEY de Dios. Descubramos
que nos dice al respecto nuestro Maestro: “Jesús le respondió: Amarás al Señor,
tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es
el más grande y el primer mandamiento” (Mateo 22, 37-38). Es decir, el pleno
cumplimiento de la LEY DIVINA se resume en la VIVENCIA de un solo verbo: AMAR;
en este caso: AMAR a DIOS, desde todo nuestro SER y nuestra propia Existencia:
¿Amamos a Dios Trinidad de esta forma?
Ahora bien, esto conlleva el cumplimiento de un
mandamiento semejante al primero: “El segundo es semejante al primero: Amarás a
tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los
Profetas” (Mateo 22, 39-40). O sea, toda la Biblia Judía se resume en AMAR, nos
atrevemos a señalar que ese amor se debe vivir en tres direcciones; hacia tu
interior: contigo mismo, hacia arriba: con Dios y hacia el horizonte: con el Prójimo;
si vivimos este AMOR en equilibrio estaremos haciendo vida las Sagradas
Escrituras: ¿Hacemos vida estos dos mandamientos?
Ciertamente esta propuesta cristiana en Jesucristo es una
superación de la mirada judía y la ley del Talión; así también se describe en
los Santos Evangelios, recordando que para los cristianos lo más importante de
las Sagradas Escrituras se encuentra en los “Evangelios”, como Jesucristo nos
enseña en la Vivencia del AMOR: “Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu
prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen
por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque
él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e
injustos” (Mateo 5, 43-45). Es decir, la propuesta de AMOR de Jesucristo, no es
como la del pueblo judío, que era solamente el amor entre los compatriotas, los
que eran parte del pueblo; como hoy sería el amor solamente a la familia, o
exclusivamente a los hijos, sino el AMOR a todos, a tus enemigos, a tus adversarios,
aquellos que te han hecho daño en la vida: ¿Amamos a todos?
Esta propuesta, quedo expresada varias ocasiones en los
Santos Evangelios, y así lo entendieron los primeros Apóstoles, en muchos
pasajes de la Biblia Cristiana, encontramos temas sobre el Amor, en los
Apóstoles: Pedro, Santiago, Judas, Pablo y Juan, queremos destacar a San Juan,
no tan solo por su definición divina: “DIOS es AMOR”, sino porque sigue la
línea de reflexión uniendo la VIVENCIA del AMOR a Dios y al prójimo: “En el
amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el
temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la
plenitud del amor. Nosotros amamos porque Dios nos amó primero. El que dice: Amo
a Dios, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a
quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? Este es el mandamiento que
hemos recibido de él: el que ama a Dios debe amar también a su hermano” (1 Juan
4, 18-21). Ante esto: ¿Vivimos en la Plenitud del Amor? Que significa eliminar
todo TEMOR y MIEDO de nuestras vidas; reconociendo que Dios nos AMA desde el
inicio de la creación, Él siempre nos ha AMADO; y por lo tanto, estamos
invitados a responder a su AMOR: ¿Cómo hemos respondido al AMOR DIVINO? Debemos
reconocer que varios o hemos realizado con mentiras e HIPOCRESÍA religiosa, ya
que decimos AMAR a Dios, incluso que estamos dispuestos a hacer sacrificios por
DIOS; cuando en realidad NO nos pide mayor sacrificio que AMAR a TODOS: amar a
tus hermanos, a tus padres, a tus hijos, a los homosexuales, a los pedófilos, a
los asesinos, es decir, amar a toda la humanidad, con su grandeza y su miseria;
ya que todos somos creados por el mismo Dios, realmente: ¿Los AMAMOS?
En esta línea es que Jesucristo nos propone una nueva
vivencia del AMOR, en un nuevo mandamiento, que resume la vivencia de todas las
Sagradas Escrituras: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los
otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros”
(Juan 13, 34). Un amor que debemos vivir en su ejemplo, en primer lugar, en sus
palabras: “Jesús le respondió: El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre
lo amará; iremos a él y habitaremos en él” (Juan 14, 23). O sea, un amor a
Jesucristo, que se expresa en la FIDELIDAD a sus palabras: ¿Somos fieles a la
palabra de Jesucristo? Recordando que lo único que nos ordena es AMAR:
¿Cumplimos el mandamiento nuevo del AMOR CRISTIANO?
Señalamos amor cristiano con la intención de superar la
visión judía de la Biblia; y descubrir que no se trata solamente de hacer vida
las palabras de Jesucristo, como señalamos, sino que además debemos hacer vida
sus OBRAS, seguir el ejemplo de su propia vida, es por ello, que Él puede unir
el mandamiento del AMOR a un VERDADERO SACRIFICIO, con las siguientes palabras:
“Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No
hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Juan 15, 12-13). Un amor
de los unos a los otros, entre todos los seres humanos, que nos debe llevar a
DAR la VIDA por el prójimo a ejemplo de Jesucristo: ¿Estás dispuesto a vivir
esta PLENITUD DEL AMOR CRISTIANO?
EVANGELIZAMOS:
Cuando nace la disposición a esta VIVENCIA del AMOR en Jesucristo,
en una permanente contemplación sobre su vida y en un constante discernimiento
sobre los Santos Evangelios, logramos DAR inicio a la EVANGELIZACIÓN; para san
Pablo, esta vivencia era como una deuda con el prójimo, la cual debemos pagar
para cumplir la LEY, o sea, para cumplir los MANDAMIENTOS DIVINOS; lo resume de
la siguiente manera, que nos puede servir de ayuda, sobre todo para algunos que
citan a San Pablo para juzgar a los demás, les invitamos a leer lo siguiente: “Que
la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya
cumplió toda la Ley. Porque los mandamientos: No cometerás adulterio, no
matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en este:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace más al prójimo. Por lo
tanto, el amor es la plenitud de la Ley” (Romanos 13, 8-10). En realidad, esta
idea no es de San Pablo, sino que es de JESUCRISTO, el cumplimiento de todos
los mandamientos divinos esta solamente en la VIVENCIA DE AMOR: ¿Cumplimos la
plenitud de la LEY?
Esto sería para todos los creyentes, aunque para los
cristianos tiene un mayor desafío, ya que la única manera de demostrar que
somos cristianos es en el AMOR, como nos enseña Jesucristo: “En esto todos
reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a
los otros” (Juan 13, 35). Y TÚ: ¿Eres un discípulo de Jesucristo?
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