¿CÓMO ASUMIR EL REINADO DE JESUCRISTO?

 CONTEMPLAMOS:

 

Hoy queremos invitarte a CONTEMPLAR a Jesucristo como REY, en este sentido, deseamos ver y analizar su reinado desde dos aspectos iniciales: Primero, como rey de los judíos: “Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos?” (Juan 18, 33). Una pregunta sencilla, que nos podemos seguir realizando, ¿Es Jesucristo el Rey de los Judíos, del pueblo de Israel? Era un tema muy recurrente entre los seguidores de Jesucristo, incluso después de su muerte y resurrección, los discípulos le preguntaban a Jesucristo: «Señor, ¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» (Hechos 1, 6). De hecho, los DOCE se quedaron varios años en Jerusalén por ser el centro del Judaísmo, su capital religiosa, en la espera de la segunda venida, además ellos mantuvieron el número de los DOCE por el hecho de JUZGAR a las doce tribus o ser los DOCE que gobernarían al nuevo pueblo de Israel, recordando que Jesucristo no les pidió que buscarán un reemplazante de Judas Iscariote, sino que es por decisión humana, ya que si es por elección apostólica de Jesucristo, Él mismo la realizo con Saulo; esto nos muestra un sentido de querer formar un pueblo de Israel GOBERNADO por Jesucristo y sus Doce apóstoles.

 

Segundo, ser capaces de mirar un reinado universal en Jesucristo, mirado desde el plano personal e interrogarnos: ¿Creemos que Jesucristo es nuestro REY? Es decir, creemos verdaderamente que DEBE gobernar nuestras vidas; aunque es difícil en la actualidad ver el sentido que tenía SER REY en la Antigüedad o en la Edad Media, ya que hoy en día: ¿Qué importancia o significado para la vida de los ingleses, españoles o algún otro país que tenga monarquía, la figura de sus reyes? Ciertamente a la hora de decisiones importantes para los ciudadanos ya no la toman los reyes, sino un presidente, una cámara de legisladores o un primer ministro; quizás por lo mismo, ha perdido importancia en el sentido y ámbito religioso, ya no tiene relevancia para nuestras vidas la figura de un REY, con ello, hemos dejado de lado, a la hora de tomar decisiones, la voluntad de nuestro REY Jesucristo, incluso entre los cristianos. Y PARA TI: ¿Cómo es en tu vida cristiana?

 

 

DISCERNIMOS:

 

En nuestro discernimiento queremos tener presente la respuesta de Jesucristo a Pilatos: Jesús respondió: «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí» (Juan 18, 36). Ahora bien, con esto hemos querido ampliar nuestra mirada, ya no se trata de un reino de este mundo, ni que Jesucristo sea Rey de un pueblo, entre los seres humanos, sino un Reino distinto y diverso a lo que creemos y pensamos: ¿Cómo imaginamos el Reino de los Cielos, el Reino de Dios?

 

Quizás sea bueno iniciar reconociendo que al pensar en el Reino de Dios, debemos entender que le pertenece a Él, a Dios Padre, como nos enseñó Jesucristo en la oración comunitaria: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino” (Lucas 11, 2); o sea, que reconocemos al Padre como Santo y que tiene un Reino, el cuál queremos que venga a la tierra: ¿Cómo hemos cooperado en instaurar el Reino de Dios Padre en el mundo actual?

 

Por nuestra fe cristiana, centrada en Jesucristo, creemos y profesamos que Él vino a proclamar, y anunciar las verdades del Reino de los Cielos, nos relató cómo es el Reino y para que esas palabras la vivamos como hijos del Reino de Dios: ¿Somos hijos del Reino?, en el cuál Jesucristo se presenta como REY: “Pilato le dijo: ¿Entonces tú eres rey. Jesús respondió: Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz” (Juan 18, 37).

 

Ha venido al mundo para dar testimonio de la verdad, un testimonio sobre el Reino de Dios, todos lo que quieren vivir en esta GRAN VERDAD; escuchan su voz, y en este sentido, dejan y proclaman a Jesucristo como REY y no se trata solamente de un hecho superficial como nos narran los Santos Evangelios: “Muchos extendían sus mantos sobre el camino; otros, lo cubrían con ramas que cortaban en el campo. Los que iban delante y los que seguían a Jesús, gritaban: ¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas!” (Marcos 11, 8-10). Ya que como ya hemos señalado en otras ocasiones no se trata de palabras: “Proclamar a Jesucristo como REY”, sino vivir según sus palabras, sus mandatos, sus enseñanzas: ¿Vivimos según las enseñanzas de Jesucristo?

 

Recordando que muchos de los que gritaban bendito el Reino que se viene, días después gritaban CRUCIFÍCALO, por lo tanto, siempre se trata de HECHOS. Es aquí en dónde queremos dar un nuevo paso como cristianos, los invitamos no tan solo reconocer a Jesucristo como REY, sino que reconocer que como bautizados, hemos sido consagrados REYES, por lo tanto, debemos encarnar el Ejemplo de Jesucristo, en su REINADO.

 

Por ello, recordemos su propio testimonio, el que nos deja como ejemplo para creyente cristiano: “Entonces lo desvistieron y le pusieron un mano rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: Salud, rey de los judíos. Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar” (Mateo 27, 28-31). Por lo tanto, no es una corona de oro, ni vestiduras doradas o purpuras, sino que es su SANGRE derramada, los insultos, las burlas y una CORONA DE ESPINAS; y nosotros los cristianos: ¿Cómo llevamos nuestra corona de espinas? 

  

Más aún como llevamos nuestra vida al TRONO de Jesucristo, una CRUZ, allí se manifiesta nuestro REY, un rey dispuesto a morir por su pueblo: Y TÚ, como parte del pueblo real, como miembro de la Iglesia de Jesucristo, siendo otro REY: ¿Cómo entregas tu vida por el pueblo de Dios?

 

 

EVANGELIZAMOS:

 

Insistimos que al descubrir estas verdades de FE evangélica y realizar juntos este discernimiento nos conduce necesariamente a una verdadera evangelización, que siempre comienza con tu PROPIA VIDA, el camino de Jesucristo no es fácil, es RADICAL; es hasta DAR LA VIDA, este es nuestro servicio real, ya que no tenemos un REY que vino a manifestar PODER y mandar a los demás, sino a dejarnos sus enseñanzas, es un GOBIERNO, no como en este mundo, sino un GOBIERNO DIVINO, que implica en nosotros SER como Jesucristo: «Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud» (Mateo 20, 25-28).

 

Entre los cristianos debe ser un SERVICIO; NO PODER NI AUTORIDAD; sino un SERVICIO, UN MINISTERIO hasta hacernos esclavos los unos de los otros, como lo escribe San Pablo a los gálatas: “Háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor” (5, 13). Y TÚ: ¿Cómo vives tu amor a Cristo Rey y su pueblo santo?

Comentarios

  1. Empecé amarme, a respetarmea reconocerme como hija de Dios Padre y, así reconocer el amor de Dios en mi vida... Reconocer el amor de mis padres en sus limitaciones (tanto o igual que las mías), ver nuestra limitada humanidad; con ésto pedir perdón por mis fallas (que son muchas)... He reconocido a Dios como mi creador, mi Padre, quien me ama tanto que mandó a su hijo para salvarme... Por eso, todos los días, doy gracias a Dios, y lo vivo en el servicio a mis hermanos, honrando a mis padres y no emitiendo juicios, si no, haciendo oración... Dios mío y Señor mío, guíame en mi caminar, dame tu luz y poder ser digna de llevar tu palabra y servir a mi prójimo con amor, te lo pido Señor.

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